Presagio de luz

ficción bíblica: Éxodo Shmot

Traducido del inglés y editado por Caro Cynovich carocynovich@gmail.com

­pharaohs-daughterPresagio de luz

­—Seiscientos treinta y ocho bebés varones se han lanzado en el Nilo —el capitán leyó de su rollo de papiro—. Dieciocho bebés varones han sido evacuados por sus familias a otros distritos, y un bebé de sexo masculino está desaparecido.

—¿Qué significa “desaparecido”? —Faraón preguntó con irritación desde su trono.

—Hemos buscado por todos los rincones de la casa de la familia —explicó el capitán en tono de disculpa—, y la de sus vecinos, familiares y cualquier persona que están en contacto regular con ellos. Hemos buscado detrás de cada arbusto y debajo de cada piedra, pero el bebé no está en ninguna parte.

—¿Qué dice la familia? —Faraón demandó—. ¿Qué es lo que dicen que pasó con el bebé?

—Afirman que el bebé ya fue tirado en el Nilo, pero no hay mención de esto en nuestros registros.

—¿Está seguro?

—Estamos seguros, oh Faraón. Nuestros registros son impecables. Nuestras fuerzas no han supervisado el lanzamiento del niño Amram en el Nilo.

—Amram, usted dice —Faraón asintió pensativamente—. De seguro que es su hijo. Él es el líder de los hebreos. Su hijo sería sin duda un candidato para ser el Redentor destinado. ¿Dónde puede estar?

—Yo puedo responder a eso, Padre —una sorprendente mujer joven declaró mientras entraba en la sala de audiencias del Faraón.

—Hija, ¿qué significa esta interrupción? —Faraón preguntó con sorpresa y disgusto.

—Puedo informar acerca del niño desaparecido no han logrado ahogar.

—Hija, yo sé que no apruebas nuestras acciones. Sin embargo, debes tener en cuenta que esto es por el bien de Egipto.

—Pfah  —la hija hizo un gesto de escupir—. Sacrificas criaturas inocentes, ¿y aún así te llamas un héroe? Pones demasiada fe en los augurios de tus astrólogos.

—Hija, ten cuidado con esa lengua o puede que ese órgano ofensor sea extraído. Te puede pasar incluso a ti, mi preciosa joya.

—¿Se podría silenciar a la única persona que te dice la verdad? Tú estás rodeado de estos aduladores que han torcido tu mente con la superstición y verdades a medias. Ellos conducirán a Egipto a nada más que miseria.

—Capitán  —el Faraón dio la espalda a su hija—, puede retirarse, y al salir, llame al Verdugo Real y a mis consejeros.

La hija dio un paso atrás ante la mención del verdugo.

—Hija —Faraón le devolvió la mirada—, no debes discutir conmigo en ese tono, y ciertamente no en frente de mis subordinados. Creo que tal vez una lección de respeto sea necesaria.

—¿Cómo puedo respetar a un asesino a sangre fría?

—Yo te mostraré.

Momentos más tarde, el Verdugo Real entró, seguido por los asesores de Faraón, Jeinis y Jimbrei.

—Verdugo, ¿qué formas temporales tiene usted para silenciar a una persona? —Faraón miró significativamente a su hija—: Yo sé que las lenguas no vuelven a crecer, pero ¿hay algo que se pueda hacer a corto plazo que pueda enseñarle una lección permanente a mi hija, acerca de los modales que debe tener una Princesa?

—Hierros, Faraón. Los hierros son la solución.

—¿Se podría cerrar su boca con hierros? A pesar de estar tentado con la idea, me gustaría algo menos indecoroso.

—No, Faraón. Me refería a los hierros calientes. Si tocamos su lengua o la parte interna de la boca con hierros candentes, ella no hablará por un tiempo, y con el tiempo sanará.

—¿Por cuánto tiempo estará ella en silencio?

—No estoy seguro. Las pocas veces que lo intentaron, los sujetos murieron a causa de sus heridas, pero me gustaría tener mucho cuidado con la princesa. Haría falta quizás varios meses para sanar, tal vez incluso un año.

—Un año es muy bueno entonces. Tenga cuidado de no estropear sus hermosas facciones. Y si ella no habla de nuevo en un año, Verdugo, usted perderá más que solo la lengua.

—Pero, Padre —exclamó la hija alarmada— : ¡Pensé que querías saber sobre el niño desaparecido!

—Sí, pues. Dime.

—Sólo si no le permites al Verdugo lastimarme.

—Eso, querida, dependerá de la naturaleza de la respuesta.

—Tengo el bebé.

—¿En serio? Buen trabajo. Entrégalo al Verdugo y podremos deshacernos de él ahora mismo.

—No.

—¿Qué quiere decir ‘No’ ?

—No lo entregaré. Él es mi hijo.

—¿Tu hijo ? ¿Tu hijo? —Faraón bajó de su trono y comenzó a gritar—. ¡En el nombre de Ra! ¿De qué estás hablando?

—Lo encontré en el río. Yo lo he adoptado como mi hijo. De acuerdo con todas las leyes antiguas, él es mío. No puedes tenerlo.

—¿Tenerlo? No quiero tenerlo. ¡Quiero matarlo! Él puede ser la cosa más peligrosa para el Imperio Egipcio, ¿y tú lo estás protegiendo?

—Sí. Y si pudiera, me gustaría proteger a todos y cada uno de esos bebés inocentes que tú crees que son tan peligrosos.

—¡Hija! ¡Estás yendo demasiado lejos!

—¡No! ¡Yo no voy lo suficientemente lejos! Nunca lo entregaré. Si puedo salvar aunque sea un niño, habré cumplido con mi deber.

—¿Te atreverías? ¿Te atreverías a rebelarte contra el mandato de tu padre? Esto es traición. No te liberarás de mi castigo.

—Me atrevo. Debería haber hecho esto hace mucho tiempo.

—Que así sea. ¡Verdugo! Vamos a ejecutar la princesa, aquí y ahora, sin demora. No puedo soportar ni un momento más con esta niña rebelde. ¡Hazlo ahora!

El Verdugo cogió a toda prisa a la princesa y un banco acolchado y se preparó para decapitarla. La obligó a arrodillarse en el suelo y ató firmemente su torso al banquillo, dejando espacio para que la cabeza quede a un lado. Ató las manos de la princesa a su espalda y colocó una bandeja en el suelo donde su cabeza caería. Faraón iba y venía hirviendo de rabia, pero conteniendo las lágrimas. Entonces el Verdugo desenfundó la espada y pasó una uña sobre su borde para comprobar su filo. Abrió las piernas y levantó la espada. La bajó lentamente hasta el cuello de la princesa para verificar el ángulo y la distancia necesaria para hacer un rápido y limpio corte. Luego levantó la espada de nuevo y tensó fuerte sus músculos, a punto de dejarla caer, a punto de hacerla caer a la princesa, rápido y fuerte.

—O Faraón —Jeinis hizo una reverencia–, ¿puedo ser tan atrevido como para interrumpir?

—Procede, Jeinis —Faraón levantó la mano al Verdugo para que se detuviera, agradecido por el alivio y la esperanza de que Jeinis proporcionaría una solución diferente. Mientras tanto, el Verdugo bajó lentamente la espada, decepcionado.

—De acuerdo con los signos más recientes, parece que la crisis ha terminado –continuó Jeinis.

—¿Qué quieres decir?

—Lo que quiere decir, oh Faraón —Jimbrei intervino—, que de acuerdo a las estrellas, el Redentor ya ha sido lanzado al Nilo.

—¿Ya lanzado? Eso es un alivio. ¿Estamos fuera de peligro entonces?

—Um, no exactamente —Jeinis murmuró.

—Entonces, ¿hay peligro o no?

—Faraón sabe lo difícil que es leer las estrellas —Jimbrei entonó—.Parece que la necesidad de tirar a los niños en el Nilo ha pasado. El peligro del Redentor destinado aún está por ahí, pero es vago y difícil de leer. Debemos permanecer a la escucha.

—¿Pero ya puede parar el ahogamiento de niños? —la princesa intervino desde su posición, atada y de rodillas sobre el banco.

—Sí, princesa —Jimbrei respondió de mala gana.

—Entonces no hay razón por la que no puedo mantener a mi hijo, padre.

—Si eso hará que se detenga tus incesantes quejas, blasfemias y rebeldía, pues puedes mantener a este niño – con una condición.

—¿Y cuál sería esa condición?

—No adoptarás otro de los hebreos de nuevo. Este será su primer y único hijo de ese pueblo. No les deberá ofrecer una protección de esta manera. Y si tengo la sensación de que este niño es una amenaza en cualquier forma, irá con los Verdugos.

—De acuerdo. Felicitaciones, Padre, ahora eres un abuelo.

—Ahórrate el melodrama. Suelte a la princesa —el Faraón hizo señas al Verdugo—. Vamos a examinar este niño.

—Oh, Padre, lo amarás. Es un niño precioso —la princesa cantó mientras el Verdugo la desató y la ayudó a levantarse.

—Yo decidiré eso.

—Traeré el bebé —dijo la princesa mientras salía orgullosamente al pasillo.

Faraón se sentó en su trono, aliviado. ¿Cómo fue que merecí una hija tan difícil? Aunque me gustaría que mis soldados fueran al menos la mitad de valientes que ella – entonces el mundo entero estaría aterrado de nosotros, pensó con orgullo paternal.

—¿Es prudente dejar que se quede con el niño? —Jeinis preguntó a Faraón.

—Si eso apaciguará a mi hija y dejará de juzgarme, entonces valdrá la pena.

—Si este es el hijo de Amram —Jimbrei añadió—, podría tener ramificaciones curiosas.

—Hmm. ¿Quiero tener al hijo de mis enemigos en mi casa? Si fuera un rehén sería una cosa, pero como hijo adoptivo no estoy tan seguro.

—Es bueno tener a los amigos cerca, Faraón —Jimbrei citó—, pero es mejor mantener a los enemigos más cerca.

—Sí, vamos a mantener una estrecha vigilancia sobre el hijo de Amram. Él todavía puede ser de utilidad para nosotros.

La hija de Faraón, radiante de alegría, volvió a entrar en la sala con un bebé en sus brazos.

—Aquí Padre, éste es mi hijo.

—Él… ¡es hermoso! —Faraón tartamudeó.

—Te dije que era especial.

—¿Qué hay en su piel? Parece que está brillando. ¿Es esto brujería?

Jeinis y Jimbrei se asomaron sobre el bebé e hicieron varios movimientos arcanos con sus manos.

—¡Saquen sus garras de mi bebé! —la princesa abrazó al bebé, defensiva.

—Nosotros no sentimos ningún tipo de magia que rodea al bebé – él es realmente un espécimen sorprendente —Jimbrei concluyó.

—Déjame darle otra mirada, hija.

—Solo si les ordenas a tus secuaces que se alejen.

—Jeinis, Jimbrei, por favor, dejen que la princesa tenga un poco de espacio  —los asesores retrocedieron obedientemente, aunque todavía mirando al niño con abierta curiosidad.

La princesa volvió a mostrarle el bebé a Faraón. Faraón disfrutó de la visión del bebé, pareció calmarse de a poco e incluso alegrarse de mirarlo.

—Es verdaderamente hermoso. ¿Cuál es su nombre?

—Yo lo he llamado Moisés, porque desde el agua lo saqué.

Moisés. Un escalofrío recorrió la espalda de Faraón ante la mención de ese nombre. Egipto aún puede que lamente este día, el Faraón pensó para sí mismo. El día que dejemos a Moisés con vida y lo introdujimos en nuestra casa.

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